Recuerdo un San Valentín de mi adolescencia, en un colegio de solo chicas.
Imagínate el ambiente: corazones 💘 de papel por aquí, cartas anónimas por allá, y yo… bueno, sintiéndome más invisible que el pegamento en una manualidad….
Espera, espera.
Rebobinemos un poco, que esto suena a guión de Euphoria (pero sin dr***s ni vi****cia), y no es para tanto.
Lo cierto es que durante mucho tiempo me sentí un poco fuera de lugar, como si no encajara en ese molde social: que sólo impulsa lo superficial, y deja de lado algo tan importante como el amor propio

(ese que no necesita flores ni globos para existir, pero sí vernos con ojos amables).
Y es que ahí, amiga, es donde está el verdadero reto: ver que la sociedad nos vende la idea de que necesitamos a alguien más para dejar de ser un rompecabezas incompleto.
No te hablo de rechazar un abrazo inesperado

o un ‘te quiero’, sinó de no depender de ello para definirnos.
Pero, ¿cómo empezamos? ¿Como rompemos este ciclo? ¿Cómo se traduce eso en el día a día?
Dedícabdote unos minutos para 💜 tí.
Imagina música suave de fondo, una vela encendida y el simple placer

de estar contigo misma: sin prisas ni expectativas.
Un ritual pensado para desconectar del ruido

exterior con un «me quiero», empezando por algo tan sencillo como cuidar tu piel con autoconciencia.
Empieza con la frescura de la limpieza. Sintiendo como con cada gesto, su textura cremosa y fundente disuelve el estrés del día y las tensiones invisibles que cargamos sin darnos cuenta.
Continúa con una caricia: un suave aleteo con una bruma fresca y de aroma sutil que te envuelve y te transporta a un prado en un día de lluvia
Sumérgete en la suavidad del serum: una nube esponjosa repleta de agua que se posa sobre tu piel con delicadeza, dejándola saciada y jugosa.
Sigue con un último gesto y permite que una textura fundente te envuelva con ternura, mimo y suavidad. Y permite que ese momento se convierta en un ritual profundo, un refugio silencioso y sereno que te envuelve para ofrecerte la calma y el bienestar que necesitas.
Y si quieres compartir tu experiencia, tienes dudas o deseas asistir a un taller de autoconciencia…
porque el amor propio no tiene banda sonora de película romántica ni efectos especiales, pero es el que

está ahí cuando se apagan las luces y te quedas contigo misma.
Buen fin de semana, pero antes de nada: te deseo feliz San valentín, estés con pareja, o soltera.
Y si has pensado en esa amiga que necesita leer este texto, compártelo. Porque el amor (propio y compartido en igualdad) crece cuando se expande.






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