No sé tú, pero hay batallas que cansan.
Y el hipotiroidismo es, sin duda, una de ellas.
Porque cuando crees que lo tienes bajo control, cuando parece que estás a punto de ganar la partida…

basta un bache, una simple piedrecita, o salirte un poco del camino, para que sientas que vuelves a la casilla de salida.
Yo misma he pasado por ahí este último año, y un poco más.
Entre marzo y marzo, hasta ahora, he vivido situaciones bastante estresantes, y mi cuerpo me ha pasado una factura desorbitada. Ya sabes…
Esa sensación de falta de energía para absolutamente todo: que hace que, incluso las cosas pequeñas, se conviertan en un mundo.
Y no hablemos de la montaña rusa emocional: porque justo ahí,

es donde te das cuenta de que tu tiroides ha vuelto a las andadas.
El pez que se muerde la cola
El estrés, uno de los grandes enemigos de la tiroides, se come el magnesio. Pero aquí no acaba la historia:
Las enfermedades autoinmunes, como el hipotiroidismo, hacen que tu cuerpo viva en un estado de inflamación constante.
Eso provoca que se coma -literalmente- tus reservas de antioxidantes, porque los gasta para intentar apagar ese fuego interno.
Y claro, menos antioxidantes significa más daño celular, más fatiga, más estrés, y más inflamación.

El problema viene cuando tu cerebro intenta buscar soluciones rápidas a la falta de magnesio y antioxidantes, y no elige las mejores.
Lo lógico sería que te apeteciera un bonito aguacate 🥑, espinacas o semillas de calabaza.
Pero no.
Muchas veces tienes un deseo casi incontrolable de chocolates,

bollería ultraprocesada y cosas dulces cargadas de edulcorantes o azúcares refinados.
La inflamación provocada por este tipo de comida, lleva a tu cuerpo a más estrés: y a más pérdida de magnesio.
¿Qué puedes hacer si tienes estas adicciones dulces?
Te animo a leer ¿Sueñas con cruasanes y cookies?, donde te cuento qué minerales podrían faltarte si no puedes evitar ciertos antojos, aunque quieras.
¿Qué hago para que mi tiroides no me pase factura?
Llevo 9 años conviviendo con el hipotiroidismo.
Me lo diagnosticaron como subclínico, así que nunca he llegado a medicarme con Eutirox: pero eso no significa que me haya quedado de brazos cruzados esperando a que la TSH suba a 10 para actuar.
Desde 2019 hasta 2023 logré bajar mi TSH de casi 7 a 2,06 (el umbral está en 4.20).
¿La clave?
Escucharme y hacer pequeños cambios sostenibles en el tiempo, procurando no agobiarme por mis tropiezos varios: que me llevan a volver a empezar de nuevo.
La respuesta ha quedado algo corta, lo sé. Pero para no alargarme: el próximo domingo, te explico con más detalle qué ajustes hice para romper ese bucle🌀 del que cuesta salir.
👉🏽 Ya lo tienes publicado y listo para leer:
🌀Cómo rompí el círculo
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